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Ruta de los santuarios: Oñati-Arantzazu

Oñati & Arantzazu

Esta es una ruta que no deben perderse los aficionados al arte o la arquitectura, ni los interesados en la historia, ni los que gustan de la espiritualidad. Pero incluso quienes no se incluyan entre los anteriores, disfrutarán de este enclave, pues la tierra natal del aventurero y conquistador maldito Lope de Aguirre es un lugar especial donde los haya.

Rodeada de montañas, Oñati fue durante siglos señorío independiente. Hasta mediados del siglo XIX la villa no se uniría a Guipuzcoa. Su aislamiento hizo de Oñati un microcosmos que todavía hoy sorprende al visitante, con tradiciones como la misteriosa procesión de máscaras y danza del Corpus Christi, con más de cinco siglos de antigüedad. Descrita por el gran pintor Ignacio Zuloaga como la Toledo Vasca, Oñati está considerada la villa más monumental de Guipúzcoa, además de ser el municipio más extenso.

Todos los estilos arquitectónicos están presentes en este pequeño pero poderoso enclave -pasa por ser el más próspero y con menos paro de toda España-, que cuenta con un destacado patrimonio monumental en el que brillan joyas como la Universidad de Sancti Spiritus y el santuario de Arantzazu. La parroquia gótica de San Miguel, el monasterio de Bidaurreta, los palacios de la plaza de Santa Marina y el Ayuntamiento rococó son ejemplos de esta variedad.

La Universidad de Sancti Spiritus fue la primera universidad del País Vasco y funcionó hasta 1901. Foco de cultura desde el siglo XVI, es un sereno edificio renacentista en torno a un claustro. Atención a todos los mensajes que lanzan las esculturas de su portada.

El santuario de Arantzazu está a nueve kilómetros de Oñati, al pie de la sierra de Aizkorri, un impresionante parque natural. El primer edificio se levantó hace quinientos años en el lugar en el que, dicen, se apareció la Vírgen, pero la nueva basílica y el complejo artístico y cultural que asombran al viajero es de 1951, obra de Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga.

En un entorno natural sobrecogedor, este punto de devoción mariana posee una obra colectiva de creadores de vanguardia del siglo XX, con aportaciones de los mejores artistas vascos de la época.
En medio del barranco se alza la radical verticalidad de las torres de la fachada del santuario, dando continuidad al paisaje kárstico. Sobre el friso, el rompedor escultor Jorge Oteiza esculpió su obra de 14 apóstoles y la Piedad.

Las cuatro puertas de acceso al templo son obra de otro genio, Eduardo Chillida, mientras que el imponente retablo mayor, de más de 600 metros cuadrados, es de Lucio Muñoz. El juego de la luz se establece a través de las vidrieras realizadas por Javier Alvarez de Eulate. En el interior, Xabier Egaña pintó ocho temas que reflexionan sobre diferentes temas de La Biblia, y la cripta, decorada por Nestor Basterretxea, afronta 18 grandes muros de gran fuerza expresiva.
En definitiva, un baño de arte en un paisaje para no olvidar.

Localidades: Oñati, Arantzazu.
Distancia en coche: 10.3 km, 19 minutos.
Duración: 1 Día.

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