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San Sebastián

Zonas de Pintxos

Si la gastronomía en el País Vasco es, además de un arte, una de sus principales señas de identidad, el pintxo es una de sus más interesantes representaciones.
Estas pequeñas porciones de comida que se colocan sobre las barras de los bares permiten al viajero degustar pequeños bocados de la realidad gastronómica vasca por un precio muy asequible.

El pintxo cambia continuamente: pasa por modas, sufre imitaciones, se innova y se reinventa de año en año. De las banderillas de tortilla de patata y las tapas de atún en escabeche de hace dos décadas se ha ido evolucionando hacia imaginativos bocados, algunos más sofisticados que otros, pero todos ricos y cocinados con mimo. Cada taberna tiene su especialidad y los lugareños se mueven de bar en bar en busca de su pintxo preferido. De ahí que asombre la diversidad, creatividad y calidad de estas pequeñas porciones de comida. Desde los más sencillos y tradicionales, hasta los que conllevan una elaboración y una presentación propia de la más alta cocina de autor, los pintxos se han convertido en un emblema de la cocina vasca y probarlos es casi una obligación. Sólo hay un problema: por dónde empezar, cuál elegir y, sobre todo, cuándo acabar.

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  • Barrio de Gros

    Barrio de Gros

    A un paso del Kursaal y la Playa de la Zurriola, el barrio de Gros concentra un sinfín de establecimientos que, siendo populares, ofrecen con productos exquisitos propios de alta cocina.
    Entre los clásicos hay que citar el "Bergara" (General Arteche, 8), cuyo pintxo estrella es el tartar de foie; el "Aloña Berri" (birminghan 24), con deliciosas propuestas, o el "Patio de Ramuntxo" (Peña y Goñi, 10), donde también se ofrecen excelentes vinos. Para los más atrevidos, el "Garbola" (Paseo de Colón, 11) elabora sus pintxos con ingredientes exóticos como tiburón o canguro; también "El Lagar" (Zabaleta, 55) o el "Zurriola Marítimo" (Zurriola, 41) y, finalmente, el "Mil Catas" (Zbaleta, 55), donde hay que probar su premiado pintxo de pollo con helado de ajo blanco y azafrán.

    Gros

  • Parte Vieja

    Parte Vieja

    “Lo Viejo”, como llaman los donostiarra a este barrio, es el templo de los pintxos tanto para las cuadrillas locales como para los turistas que cada fin de semana recorren sus calles. El paseo al mediodía por sus estrechas calles debe hacerse con calma, sin recorridos preestablecidos, acompañando a cada txakolí o sidra con las excelentes y variadas tapas.
    La oferta es infinita, pero merece la pena hacer un alto en el “Tamboril” (Pescadería, 2) para probar sus champiñones, en el “Martínez” (31 de agosto, 13), donde degustar sus pintxos de marisco o, en la misma calle, en “A Fuego Negro” (31 de agosto, 31), donde ofrecen originales bocados merecedores de varios premios. Tampoco hay que olvidarse de las magníficas brochetas del “Goiz-Argi” (Fermín Calbetón, 4), las ricas anchoas con crema de centollo del “Txepetxa” (Pescadería, 5), la bien colmada barra del “Ganbara” (San Jerónimo, 21), los pintxos de frutos del mar de “Bernardo Etxea” (Puerto, 7) o los sabrosos mini-bocados del “Txuleta” (31 de agosto, 40).
    Otras paradas imprescindibles son los galardonados “Café Bar S.M.”, en el mercado de San Martín, “Casa Vergara” (Nagusia, 21) y “Zeruko” (Pescadería, 10), donde triunfa el pincho de canelón de vino dulce con foie gras de hongos y crujiente de queso Idiazabal.

    Casco Viejo

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