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Bilbao

Bilbao y su edad de Oro

Sus habitantes le llaman cariñosamente El Botxo (agujero), ya que se encuentra rodeada de suaves montañas que delimitan su extensión. Sólo la Ría, recuperada en los últimos años y convertida en arteria fundamental para el paseo y el ocio, recuerda la proximidad del mar, a tan sólo 12 kilómetros, y da un respiro al bullicio de sus calles.
Y es que, con sus 355.731 habitantes y un área metropolitana que cuenta con otros 900.000, Bilbao concentra casi el cincuenta por ciento de la población del País Vasco.
Esta ciudad es, por tanto, el motor social, económico y cultural del territorio.

Hace mil años...

El origen de Bilbao se remonta al siglo XII, cuando, en un lugar a orillas del río Nervión llamado San Antón -donde hoy se erige un templo gótico del mismo nombre-, convergían las caravanas de lana, vino y trigo procedentes de Castilla. En ese punto también fondeaban los barcos, para cargar mercancía y emprender ruta hacia los Países Bajos. Así se fue desarrollando un comercio que pervive hoy en el mismo punto, donde se enclava el Mercado de la Ribera, la mayor plaza de abastos cubierta de Europa.

En el año 1300, D. Diego López de Haro otorgó carta de fundación a la villa de Bilbao, con el fin de impulsar  las posibilidades mercantiles de este poblado, tierra de marineros, pescadores, molineros, ferrones, campesinos y mineros. 

La construcción de los primeros astilleros modernos llega en el siglo XVI, cuando Bilbao es ya un puerto estratégico en el comercio atlántico. La ciudad, que hasta  entonces se limitaba a las denominadas Siete Calles, comienza su expansión hacia el Arenal con nuevos edificios y muelles.
En el siglo XVIII  las clases ricas levantan sus palacios en las calles Bidebarrieta y Correo, y en el XIX se edifican la emblemática Plaza Nueva y  el Ensanche de Abando. Con la construcción de este conglomerado de calles y edificios señoriales, la villa salta definitivamente a la margen izquierda de la Ría y se desarrolla lo que actualmente se considera el centro de la ciudad.

El milagro del Guggenheim

A comienzos del siglo XX, Bilbao es el máximo exponente de la revolución industrial en el Norte de España. Su población se dispara y se urbaniza de manera atropellada para dar cobijo a los miles de inmigrantes que llegan a trabajar a la siderurgia. 

Pero toda esta explosión de riqueza se derrumba en los años 80, cuando esa industria entra en crisis. La ciudad toca fondo con las inundaciones de 1983, que arrasan la parte vieja. Es el momento de abordar un ambicioso plan  urbanístico que lleva a Bilbao a renacer de sus cenizas en tan sólo una década.
Se limpian las aguas de la Ría -altamente contaminadas durante décadas-, se rehabilitan las casas del Casco Viejo y se recuperan los antiguos terrenos industriales para construir en ellos edificios diseñados por los mejores arquitectos del mundo. La fórmula funciona, hasta el punto de que se empieza a hablar del "milagro arquitectónico de Bilbao". Es un modelo imitado en todo el mundo, que tiene por buque insignia la construcción del Museo Guggenheim Bilbao de Frank O. Ghery, pero que cuenta también con edificios e infraestructuras de Norman Foster, Arata Isozaki, César Pelli, Calatrava, Soriano y Palacios, etc.
Hoy, la capital vizcaína es una próspera ciudad de servicios, llena de referentes arquitectónicos y culturales, que celebra cada año acontecimientos musicales, artísticos y literarios de primer orden internacional.

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